Al abrir
un viejo álbum de fotos,
nuestro ayer me ha saludado
como si no hubieran pasado mil años y olvidos.
Allí está la juventud enamorada de nosotros
protegiéndonos de la realidad.
Tú, bella con dos ojazos
como dos mundos
y yo con la candidez
del que no es consciente de su inocencia.
Tú y yo
amando la vida y el universo
que imaginábamos en el otro.
Tú y yo
felices. Sí, felices.
Recuerdo
las muchas veces que hicimos
el maravilloso viaje de nuestras manos
por nuestros cuerpos
y volví a sentir
como entonces
que al otro lado de tus sueños
estaban aún mis sueños
esperando por una oportunidad
para despertarse una vez más a vivir contigo.
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